Estoy revisando últimamente el libro 1001 videojuegos a los que hay que jugar antes de morir, que es, bueno, justamente lo que dice el título. Es un recorrido cronológico, empezando con videojuegos en los 70s y avanzando hasta el presente, y resaltando muchos de lo más interesantes. Empecé a jugar videojuegos aproximadamente en 1990 y no he parado desde entonces (y no tengo intención de hacerlo), y he tenido además la oportunidad más o menos probable de jugar varios de los juegos previos (Pong, por ejemplo, o Asteroids, Space Invaders, etc.). Y en el camino he podido jugar clásicos en varias plataformas: el SNES, el N64, el PS1, PS2, etc. Muy buenas experiencias.
Pero quizás nunca pueda volver a tener esas experiencias. Cuando uno quiere estudiar la historia del cine, puede acceder por diferentes medios a las películas clásicas, y es incluso ahora más fácil que nunca conseguir una película antigua en versión digital. Algo parecido ocurre con los libros, donde uno puede conseguir textos de miles de años de antigüedad muy fácilmente, en múltiples ediciones y traducciones con la posibilidad, incluso, de mapear la historia del texto como objeto a lo largo de las épocas.
Sin embargo, si quiero jugar un juego clásico del SNES, o incluso anterior, me enfrento a un problema bastante complicado. En el mejor de los casos, podré conseguir una versión digital, un ROM que se pueda jugar con un emulador. Pero los emuladores son casi siempre imperfectos en su emulación de la experiencia completa de una consola, y, además, en muchos son soluciones, digamos, menos-que-legales. Lo cual haría la aproximación histórica a los videojuegos por esta vía un ejercicio de cuestionable legalidad en el peor de los casos, y de mucha dificultad en el mejor.
Hace tiempo comentaba, en esta misma línea, respecto al problema de los clásicos en videojuegos, donde por la rápida evolución de las plataformas en las que jugamos, dejamos atrás experiencias y juegos que se vuelven prácticamente inaccesibles. Pero mientras más pasa el tiempo y menos atención le prestamos a este problema, se va haciendo cada vez más difícil la posibilidad misma de un estudio histórico de los videojuegos, o por lo menos se vuelve un estudio económicamente prohibitivo: aquel que quiera hacer este tipo de estudio para analizar los referentes culturales que han influido en la formación de las generaciones de los últimos 40 años, tendrán que tener una enorme cantidad de recursos para conseguir, reparar y mantener plataformas y dispositivos para los cuales probablemente ya no se puedan conseguir siquiera repuestos.
De modo que a medida que los videojuegos adquieren más y más relevancia cultural, al mismo tiempo nuestra capacidad para evaluar y entender esa relevancia es progresivamente menor. El problema es multidimensional: no sólo es la rápida evolución tecnológica, y el acceso a dispositivos, sino que también hay obstáculos comerciales y legales de por medio: los distribuidores no tienen razones por las cuales “re-emitir” juegos viejos salvo en contadas excepciones, ni mucho menos de seguir manteniendo activas consolas y dispositivos que ya no sean comercialmente interesantes. Pero al mismo tiempo, no están en ninguna obligación de publicar libremente sus juegos antiguos o de facilitar el acceso a estos registros históricos. En una muestra de que la industria misma en algunos segmentos se percibe aún simplemente como un productor de contenidos de entretenimiento, y no percibe su relevancia entera, pareciera que los distribuidores quisieran incluso dificultar cualquier tipo de acceso a estos registros históricos (por ejemplo, incentivando la persecución legal de comunidades de emulación).
Uno de los proyectos que manejamos internamente en el LVL es el proyecto RetroGaming. Es un proyecto que pretende responder precisamente a este problema, de manera similar a como lo están haciendo diferentes esfuerzos museográficos y archivísticos alrededor del mundo. Nuestro propósito es reunir una colección significativa de consolas, dispositivos, juegos y accesorios que se puedan utilizar en el futuro para un estudio histórico sistemático de los videojuegos y pueda ser, además, de acceso público como para que nuevas generaciones puedan tener la experiencia completa de lo que significó jugar en estas plataformas. Aunque nuestra colección sigue siendo por ahora pequeña (tenemos un NES, un SNES, PS1, PS2, PS3, N64, Wii y NDS) y no tiene aún un espacio donde estar implementada y funcional, estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo por preservarla e irla aumentando hasta que podamos instalarla como es debido.


Comentarios recientes